¿La televisión como herramienta educativa?

December 10, 2015

 

 

Uno de los medios de comunicación masiva con mayor presencia en el hogar es la televisión. Por lo regular de color negro, esa pantalla o caja acapara la atención de niños, jóvenes y adultos  la mayor parte su tiempo libre; no hay persona que se le resista, su poder de enajenación es inmenso. Los investigadores han tratado de dar respuesta a este fenómeno que aleja a los individuos, en su mayoría niños y jóvenes, de otras actividades como leer un libro, platicar en familia o practicar algún deporte. A partir de esas investigaciones se ha encontrando  que la televisión puede ser un buen aliado del maestro en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

 

Pero en la escuela primaria los maestros no comparten ese pensamiento y se encargan, aunque sólo sea por el tiempo que dura la clase, de que el niño se olvide de la televisión, ya sea con una amonestación o silenciando cuando éste hace comentarios sobre algún programa televisivo. El maestro siempre tratará de dejar fuera del aula a la televisión, afirmando que las únicas imágenes que importan en ese momento son las del libro de texto. Tanto temor tiene el maestro hacia ese medio de comunicación que la ha llegado a condenar llamándola caja idiotizante, vendedora de porquería, castradora de la creatividad, adormecedora del intelecto, engendro de pornografía y provocadora de violencia.

 

Caja idiotizante. Porque durante el tiempo que el niño se encuentra frente al televisor se sumerge en el enajenamiento y pocas veces atiende el llamado de sus padres, ya sea para comer o desarrollar cualquier actividad hogareña.

 

Vendedora de porquería. Lo único anunciado por medio de la televisión son productos chatarra, pocas veces se exhibe un producto verdaderamente nutritivo para el consumidor.

 

Castradora de la creatividad. El niño que la mayor parte de su tiempo la pasa frente a un televisor no crea alguna forma de entretenerse, sólo se dedica a imitar las costumbres y juegos que observa en la tele.

 

Adormecedora del intelecto. Para el niño la televisión es un referente de verdad, todo lo que observa y oye es tomado por él como cierto, no trata de activar su intelecto para descubrir lo incierto de la televisión, sin embargo ante los padres siempre trata de contradecir las aseveraciones.

 

Engendro de pornografía. Hoy en día no hay programa televisivo o comercial que no incluya escenas eróticas.

 

Provocadora de violencia. Hay en los programas de televisión (novelas, caricaturas y reality show, etc.) mucha violencia, verbal y física, que el niño imita y ejerce con sus compañeros de juego, llegando a lastimarse en algunas ocasiones.

 

 Se ha hablado de una mediación entre el maestro y la televisión, que en lugar de percibir a este medio de comunicación como un obstáculo en su apurada tarea por enseñar, el maestro lo utilice como un aliado para agilizar el aprendizaje de sus alumnos. Aunque no se alcance a deducir cómo un aparato que sólo trata de adormecer al público televidente, arrastrándolo al consumismo y la enajenación, transmitiendo programas de baja calidad, pueda ejercer una mediación en la enseñanza entre el alumno y el maestro, sin haber programas que lo orienten y lo asesoren.

 

¿Cómo podría un maestro de primaria utilizar a un aparato como herramienta para mejorar el aprendizaje de sus alumnos, si este medio de comunicación  transmite pura basura? En la guía del maestro de educación básica, El maestro frente a la influencia educativa de la televisión (Orozco, 1998) se encuentran reflexiones y argumentos a favor del involucramiento del maestro y la televisión de acuerdo con los objetivos de la escuela.

 

Orozco trata de involucrar al maestro en la vida del niño y la televisión haciendo entender que es muy difícil alejar a este medio de comunicación de la vida cotidiana del niño, podrá lograrlo durante la clase pero en cuanto el niño salga al recreo o llegue a su casa la interacción en torno al aparato televisivo volverá a su curso normal.

 

Si el docente revisa la guía de Orozco, se dará cuenta, como lo dice el autor, que

 

los profesores podrían convertirse en “mediadores” entre la televisión y los niños, una vez reconocida la influencia que este medio ejerce en ellos, con la finalidad de ayudarlos a reconocer los síntomas televisivos, las alteraciones del ritmo cognoscitivo y la provisión de estéreo tipos, que distraen la labor pedagógica. (parr. 2)

 

Sería necesario entonces que el maestro en vez de tratar de sacar del aula a la televisión, le busque un espacio dentro de ésta y empiece a convertirla en un “mediador” para sacar provecho de la influencia que ejerce sobre el niño y poder  dirigir esa influencia hacia el aprendizaje educativo. Pero ¿qué provecho podría sacar en estos tiempos el maestro de ese aparato enajenante e influensivo?, si la  televisión ha perdido su función principal: comunicar e informar. Ahora lo que ésta hace es tratar de persuadir y empujar al televidente hacia el consumismo y la pasividad.

 

La Ley Federal de Radio y Televisión (LFRyT), cuya última reforma fue publicada en el Diario Oficial de la Federación el 9 de abril de 2012, en su título primero (principios fundamentales), artículo 5° dice:

 

La radio y la televisión tienen la función social de contribuir al fortalecimiento de la integración nacional y al mejoramiento de las formas de convivencia humana. Al efecto, a través de sus transmisiones, procurarán:

 

I. Afirmar el respeto a los principios de la moral social, la dignidad humana y los vínculos familiares.

2. Evitar influencias nocivas o perturbadoras al desarrollo armónico de la niñez y la juventud.

3. Contribuir a elevar el nivel cultural del pueblo y a conservar las características nacionales, las costumbres del país y sus tradiciones, la propiedad del idioma y a exaltar los valores de la nacionalidad mexicana.

4. Fortalecer las convicciones democráticas, la unidad nacional y la amistad y cooperación internacionales.

 

Todo lo contrario está haciendo la televisión al transmitir programas que alientan a la rebeldía, la desaculturación y la violencia entre los niños y la juventud. Un ejemplo podría ser los Power Rangers, programa extranjero que incita a la violencia y la perdida de valores humanos como son la paz y la armonía. Pero en realidad es la televisión la que ha dejado de realizar su verdadera función o son los que están detrás de ella los que han cambiado el rumbo de la televisión atendiendo a intereses económicos y no sociales.

 

La LFRyT en el titulo segundo, artículo 11, fracciones I, II, y III, dice que

 

La Secretaría de Educación Pública tendrá las siguientes atribuciones:

 

 

I. Promover y organizar la enseñanza a través de la radio y la televisión;

II. Promover los programas de interés cultural y cívico;

III. Promover el mejoramiento cultural y la propiedad del idioma nacional en los programas que difundan las estaciones de radio y televisión.

IV. Elaborar y difundir programas de carácter educativo y recreativo para la población infantil.

 

En el entendido de que la SEP conoce esta Ley y sabe de su atribución, es muy necesaria su intervención en la regulación de las programaciones  para el mejoramiento del nivel cultural del pueblo. Claro que se han creado formas para tratar de cumplir con la función principal de la televisión, está la Red Edusat, encargada de la transformación estructural del sistema educativo, por ejemplo. Pero las autoridades educativas no hacen nada por tratar de mejorar la programación con la cual el niño y el adolescente interactúan cotidianamente.

 

Entonces, si el maestro no cuenta con la ayuda necesaria para involucrarse en la mediación entre  la televisión y el niño, si no existe un verdadero interés por que la televisión recupere su verdadera función y se pueda utilizar como influencia educativa, dura será la tarea de educar al niño, con la presencia en él de la influencia negativa del medio de comunicación masiva más importante del país.

 

De acuerdo con el investigador de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Wulfrano Torres Pérez, doctor en psicología social en México un niño ve en promedio 2 mil horas de de televisión abierta, mientras que a la escuela sólo le dedica 800 horas durante un ciclo escolar, así también el INEGI reporta que un niño mira en promedio de dos a tres horas diarias la televisión, lo cual suele triplicarse en temporada de vacaciones (Status, 2014, parr. 1y2).

 

 

Referencias

 

Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión (2012). Ley Federal de Radio y Televisión : última reforma publicada en el Diario Oficial de la Federación. México: DOF

 

Orozco, G. (1998). El maestro frente a la influencia educativa de la televisión. Guía del maestro de educación básica. Mirando la TV desde la escuela Vol. I. México: Fundación SNTE para la Cultura del Maestro Mexicano. A.C. México.

 

Status (2014). Los niños mexicanos, secuestrados por la televisión. Consultado el 20 de noviembre de 2014 en:

http://www.statuspuebla.com.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=2013&catid=52:buapenstatus&Itemid=58

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